Pero en mi caso, debo confesar que siempre, desde
pequeña, quise ser maestra; será porque acudía, cada vez que no
tenía clases en la escuela, ha ayudar a mi hermana mayor que ya
era maestra parvularia. ¡Cómo me divertía, reía, gozaba, disfrutaba
al sentir junto a mi la presencia de los pequeños!.
Pasó el tiempo y nunca dudé que me convertiría
en maestra, palabra que empieza con la misma letra de mamá; será
por eso que ambas, mamá - maestra tienen mucho
en común. entregarse todos los días con mucho amor y paciencia para
ver crecer y volar muy alto a todos los hijos que nos da Dios o,
como en mi caso, a los hijos que me ha dado mi profesión.
Al pasar los años tuve la suerte de que mi esposo
me brindara la oportunidad de hacer realidad un pequeño sueño cargado
de muchas ilusiones, alegrías y colores. Abrir un Jardín de Infantes
en esta ciudad extraña para mi por ser recién llegada, pero que
me brindó su calor y acogió, este proyecto educativo, como una nueva
alternativa que ofrecía para la educación de los más pequeños.
Y así nace el ARCO IRIS...
un lugar donde se combina la risa, el trabajo, la diversión y el
esfuerzo de cada una de las gotitas de lluvia que llegan hasta aquí
y que al recibir la luz del conocimiento se proyectan hacia la amplitud
del espacio, convertidas en color y en perfecta armonía aparecen
formando un arco iris, llevando cada uno de ellos en su interior
el significado de los colores que lo forman: amarillo,
por la riqueza espiritual que cada uno posee; el verde,
por la esperanza jamás perdida de días mejores; el anaranjado,
por la paciencia y tenacidad necesaria para lograr los sueños;
el violeta, por la amistad y cariño que prodigan
a quienes lo rodean y el rojo, el color de los
sentimientos, el amor que siempre debe estar presente en todos los
actos de nuestras vidas. Todos ellos lucirán hermosos por las suaves
pinceladas de pureza y paz que el blanco encierra.
Si logramos esta perfecta armonía de colores sabremos
que somos un arco iris, que para contemplarlo y admirarlo solo basta
alzar nuestra mirada al cielo... ¡arriba...! ¡al infinito! donde
habita Dios.
Ser del Arco Iris es encontrar al final de cada
jornada diaria el tesoro escondido que cada uno descubre, cuando
aprende algo.
Todos podemos ser un arco iris, basta con hacer
cada día algo que deje huellas en quienes nos rodean y en nosotros
mismos. No dejar de soñar, ya que soñar en grande no es pecado,
pecado es no soñar.
Y tal vez estaba un poco loca al querer alcanzar
y tocar un arco iris, pero debo reconocer que todo lo grande empieza
por una locura. ¡LO HICE!
Lcda. Annabelle Bayona de Ledergerber
RECTORA
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